El relato adquiere se forma de una narración descriptiva cavada dentro de un gran paréntesis. En el inicio fue el protagonista, y Dios creo el cuestionamiento del personaje.
Parece obvio que uno al ver una película debería querer conocer a su héroe en detalle. Lo cierto es que quisimos identificarnos con la vacacionista aventurera y solitaria… La dejamos entrar en nuestro inconsciente justificando como en nuestras vidas diarias, las fallas que en ella son subrayadas, las cosas que aparentemente no hace por “algo”-
Ingenuidad. No hay más explicación que la palabra.
Poco a poco el ego y el deseo futuro… ese deseo de ver acercarse nuestra sospecha… ese beso que se dilata infinitamente en llegar, y que cuando llega nos es insípido… ese ego que no se da cuenta de que su estupido deseo de confirmación le llevara a la pasión… la hybris de Edipo… Poco a poco nos enceguecieron, nos volvieron sensibles al tacto ingrato y añorado de la mano suave y fatal de la hostilidad mundana, de la gran hostilidad de la bestia pasional reprimida del “civilizado”-
¿Acaso somos mejores que aquellos que sacan a la realidad sus tumores? ¿No somos exactamente iguales… al final no será que todo se reduce al ego?
Los planos son auténticos, hermosos y largos (no hasta el cansancio). La banda sonora es bastante funcional y no divaga por la absurda excesividad narrativa. La película es maravillosa y de una linealidad cuasi irreal… todo es cristalino desde el principio… si se es capaz, y no se cae en el error. La unión de los elementos es suave e imperceptible, es una maravilla de historia actual.
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